Durante un buen tiempo —demasiado tal vez—, la ropa deportiva ha sido nuestra fiel compañera de batallas. Hemos visto como el estilo sporty ha subido a las pasarelas, autorizando a un pantalón tipo jogger a convivir con un blazer con total normalidad, mientras que las zapatillas entran a la oficina y a cualquier garito de moda para tranquilidad de El canto del loco. Una liberación absoluta gracias a las siluetas relajadas, las prendas oversize y la posibilidad de jugar con los tanks tops como si de una joya estilística se tratase.
Pero como buenos inconformistas que somos, empezamos a cansarnos de esta laxitud, especialmente aquellos que ven en la moda un juego constante entre las tendencias más actuales y la reinterpretación de los clásicos. Nos pica el gusanillo y soñamos con incorporar a nuestro streetstyle esos looks con regusto a nostalgia, donde los gorros, los guantes y los bolsos con nombre propio tienen cabida. Esos en los que la inspiración llega de la mano de mujeres tan icónicas como Audrey Hepburn, Brigitte Bardot, Jackie Kennedy o Twiggy, quienes hicieron de la minifalda, el traje chaqueta o los vestidos con prints geométricos, su sello de identidad.
La nostalgia de los años 60
Los gloriosos años 60 se recuerdan como unos de los más ricos estilísticamente hablando, en la que convivieron el ladylike que todavía coleaba, con la euforia liberal que dio lugar al nacimiento de la minifalda y del estilo boho que se haría fuerte una década después. Una de las premisas imperantes era la elegancia, llevada a rajatabla gracias a bolsos con cierre de monedero, como el Antoinette de Celine, los sombreros tipo pastillero, las medias y los trajes hechos a medida, que combinaban la sobriedad de la buena sastrería, con aquellos abrigos de estampado animal que tanto le gustaban a Liz Taylor.
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Las líneas depuradas, las minifaldas audaces y los accesorios emblemáticos, fueron el preámbulo de la irrupción de la cultura pop y el espíritu revolucionario. Nace la fusión entre la sofisticación minimalista, con la innovación del futurismo, donde los materiales sintéticos y formas geométricas, evocaban una sensación de progreso y modernidad sin precedentes.
Este diálogo entre el clasicismo refinado y la vanguardia experimental no solo redefinió la alta costura, sino que también estableció un legado visual que continúa inspirando a las nuevas generaciones, marcando un antes y un después en la historia del diseño y consolidándose como un referente de la libertad creativa.
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La pasarela del 2025 y su reminiscencia sesentera
No decimos nada nuevo al afirmar que el pasado siempre vuelve, sobre todo cuando se trata de moda. Es por ello que esta primavera-verano, no fueron pocos los directores creativos que miraron al pasado para dialogar con las musas y crear colecciones llenas de simbolismo. Prada, Valentino, Michael Kors, Gucci o Chanel, son solo algunas de las firmas que se han inspirado en esta década.
La colección de Prada para la primavera-verano 2025 fue una reinterpretación inesperada de la estética de los 60, donde Miuccia Prada y Raf Simons se apartan del espíritu optimista de aquella época para sumergirnos en un universo marcado por la desinhibición y el contraste. Sobre la pasarela vimos una sastrería utilitaria y rebelde, en la que faldas vinílicas y jerséis de punto se emparejan con toques subversivos, como ese abrigo de leopardo que, lejos de imitar el pasado, introduce un elemento tan clásico como provocador.
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Valentino, por su parte, bajo la genialidad de Alessandro Michele, nos transportó a esa atmósfera inolvidable de los 60, donde la maison dio sus primeros pasos y se empezó a forjar la leyenda. Michele reinterpreta este legado con una mezcla fresca: casacas de inspiración orientalista y chaquetas de silueta amplia se combinan con vestidos vaporosos adornados con volantes sutiles y detalles cortados al bies, todo impregnado por el inconfundible rojo Valentino. Este enfoque, lejos de la sobriedad del quiet luxury, celebra una moda de exceso y actitud, una invitación a salir de fiesta con una energía que se resiste a la conformidad y que rinde homenaje a la rebeldía y la juventud de aquella época.
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Gucci, con Sabato De Sarno todavía al frente de su dirección creativa, también incorporó códigos sesenteros, que vimos reflejados en las siluetas en A, donde el cuero y vinilo aportaban ese toque futurista, así como estampados y colores pop. Michael Kors creó toda una colección inspirada en Mr. Ripley, donde una sastrería impecable, siluetas marcadas con cinturones anchos y vestidos en forma de tubo, arrancaron más de un suspiro. Chanel y el tweed, los trajes de chaqueta y falda o sus zapatos de tacón sensato, son claros ejemplos de que este año podremos (y debemos) sofisticar nuestros looks más primaverales.