Puede que haya gente que no esté de acuerdo, pero yo soy de las que piensan que hay algo irresistible en el lujo cuando lo vemos desde el sofá. Llámalo escapismo. Llámalo entretenimiento. Llámalo puro cotilleo inmobiliario. Porque no nos engañemos: ver thrillers está muy bien, al igual que series profundas que nos hacen reflexionar como esta que se ha colado en el TOP 10 de Netflix en menos de una semana, pero ver áticos de 20 millones de dólares, agentes con trajes de diseñador y reuniones donde se decide si la terraza tendrá jacuzzi o helipuerto... es un placer casi terapéutico. Y Netflix lo sabe.
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Por eso el 3 de enero estrenó una de las mejores series tipo reality (o docuserie con más laca que subtítulos) que nos mete de lleno en la oficina más competitiva, fabulosa y despiadada de Nueva York: la agencia inmobiliaria Douglas Elliman. ¿Suena a ‘Selling Sunset’ pero con menos filtro de California y más champán neoyorquino? Exactamente. Y nos encanta.
‘Manhattan: La ciudad de oro’: bienvenidos a Central Park
La premisa es sencilla: un grupo de agentes inmobiliarios top (y sí, todos visten muy bien) compite por vender las propiedades más caras de Manhattan mientras intenta sobrevivir al mercado, al ego ajeno y a sus propios conflictos personales.
Y aquí nadie está empezando. No es una serie de becarios que sueñan con cerrar su primer estudio en Brooklyn. Aquí se juega en otra liga. Cada piso vale más que todos tus préstamos juntos. Las comisiones superan los 400.000 dólares por venta. Y las guerras por cliente son tan sutiles como un tacón de aguja en la espinilla.
Pero lo que hace especial a esta serie es solo el lujo. Es la personalidad de sus protagonistas, el contraste de estilos y la tensión real que se genera cuando todos quieren brillar en el mismo skyline.
El reparto de la serie: frivolidades y talento
- Eleonora Srugo: no es la reina, es el tablero. Una veterana que se presenta como si saliera de una portada de Forbes. Controla, negocia, impone. Su frase de cabecera debería ser: “Lo que tú llamas presión, yo lo llamo lunes”.
- Jade Chan: discreta, estratégica, imbatible en sus círculos. Maneja carteras asiáticas con más ceros de los que Google sabría procesar. Sabe más de arte, lujo y geopolítica que la mayoría de diplomáticos.
- Taylor Middleton: la que llegó con Instagram, TikTok y una agenda más digital que analógica. Nadie entiende mejor el algoritmo, ni cómo convertir un vídeo enseñando una encimera en una reserva firme con depósito incluido.
- Jordyn Taylor Braff: amante de las propiedades con historia, sensibilidad vintage y clientela de museo. Tiene clase, cultura y ese tipo de carisma que no se grita, se insinúa.
- Abigail Godfrey: fría, eficaz, letal. Ex banquera, su especialidad es cerrar operaciones imposibles mientras lleva un bolso que cuesta más que un semestre en Columbia.
- Gisselle Meneses-Núñez: la que representa el sueño neoyorquino. Ascenso meteórico, raíces latinas, clientela fiel. Tiene algo que ninguna escuela enseña: intuición.
- Justin Tuinstra: joven, guapo, rápido. Maneja contactos como quien reparte cartas en Las Vegas. Siempre tiene un piso, un plan B y un cumplido en la manga.
- Steve Gold: veterano del mundo inmobiliario (sí, también lo hemos visto en ‘Million Dollar Listing’). Su presencia aquí aporta experiencia, ironía y esa energía de “he visto más áticos que citas has tenido tú”.
¿Por qué deberías verla (aunque no te interese la arquitectura ni el mármol de Carrara)?
- Porque es puro entretenimiento bien vestido. Si ‘Succession’ y ‘Selling Sunset’ tuvieran un hijo neoyorquino y con un máster en real estate, sería esta serie.
- Porque tú también quieres vivir en una casa así. Techos altísimos, cocinas con cuatro islas, terrazas con vistas al Empire y duchas más grandes que tu habitación. Verla es como entrar a casas que solo podrías pisar en tus sueños o en una simulación virtual.
- Porque es real (aunque parezca telenovela). No hay guión, pero sí hay tensión. Y egos. Y lealtades que se rompen con un solo correo mal escrito.
- Porque te hace preguntarte cosas (que no quieres contestarte). ¿Qué harías tú con una comisión de 300.000 dólares? ¿Podrías vender un piso de 20 millones a un príncipe saudí sin sudar? ¿Serías aliada o enemiga de tu compañera de escritorio si ambas queréis la misma cartera de clientes?
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¿Dónde ver ‘Manhattan: La ciudad de oro’?
‘Manhattan: La ciudad de oro’ ya está disponible en Netflix. Tiene una temporada de ocho episodios cortos pero intensos, perfectos para ver de a dos, con copa de vino blanco en mano (o café frío si estás en plan CEO madrugador).
Lo ideal: verla con alguien con quien puedas comentar cada mueble, cada traición silenciosa, cada vez que alguien pone cara de póker mientras pierde una comisión de medio millón. Yo lo hago con mis amigos y es muy divertido.
¿Tiene algo más que ego?
Sí. Debajo de los trajes de diseñador y las cenas en rooftops, la serie también muestra el precio del éxito, la soledad del rendimiento constante, el vértigo de vivir a comisión y la presión brutal (sí, brutal) de mantenerse en lo más alto de un mundo donde el lujo no es garantía de felicidad. Donde vender sueños es fácil, pero vivir los propios cuesta mucho más.
Hay momentos donde la vulnerabilidad se cuela. Donde alguien llora en un coche. Donde una operación falla. Donde se ve que detrás del glamour, hay miedo. Y eso, quieras o no, te tocará la fibra sensible.